Rafael Sanzio (1483-1520).

En este ambiente, Rafael se impregnó del espíritu humanista mientras aprendía su arte, primero con su padre y luego con Perugino y Verroccio.

Una posterior estancia en Florencia le permitió madurar y aún cuando asimiló la influencia de Leonardo, pronto desarrolló un estilo propio. La amistad de Bramante, su talento y su amena personalidad lo impulsaron muy pronto en el medio más propicio para un artista Renacentista: la corte papal.

Su obra incluye vírgenes, retratos, excelentes escenarios como la Escuela de Atenas que realizó en la plenitud de su talento cuando Julio II le encomendó la decoración de varios salones del Vaticano y pinturas mitológicas.

En su pintura, de caballete o mural, se aprecia la medida, la simetría y el balance. La composición triangular, de la cual se aleja hacia el fin de su breve vida, no tiene secreto para él: sus vírgenes en particular se enmarcan en triángulos isóceles. Sabe incorporar la arquitectura y la profundidad a sus cuadros. Sus personajes se mueven con libertad como se observa en su "Ascención de Cristo". Hay elegancia, belleza y suavidad en sus obras. Adapta el esfumato de Leonardo a tonalidades más intensas, más brillantes y más claras.

Siempre sensible a la personalidad y a los estados de ánimo de sus modelos, armoniza el color de los paisajes, los fondos y los objetos evocados con las figuras representadas. Muchos de sus rostros expresan la amabilidad que lo caracterizaba. Rafael es perfecto en casi todos los aspectos, al punto que su obra da una impresión de facilidad.

La escuela de Atenas es una obra monumental que resume el talento del pintor: en ella, pretende sintetizar el conocimiento del occidente. Alrededor de Plato y de Aristóteles se congregan los filósofos y los científicos antigüos. Sus poses y gestos recuerdan sus teorías, sus rostros a veces son retratos de contemporáneos (Plato = Leonardo; Heraclito = Miguel Angel; Euclides = Bramante...).


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